
Oh glorioso Arcángel San Gabriel,
llamado fortaleza de Dios,
príncipe excelentísimo
entre los espíritus angélicos,
embajador del Altísimo,
que mereciste ser escogido
para anunciar a la Santísima Virgen
la Encarnación de divino Verbo
en sus purísimas entrañas:
yo te suplico tengas a bien
rogar a Dios por mí,
miserable pecador,
para que conociendo
y adorando este inefable misterio,
logre gozar el fruto
de la divina redención
en la gloria celestial.
Amén.